Angustia en tiempos de Covid-19

10/09/2020
Atención Psicológica | MIFAS Active

¿Qué consecuencias ha provocado esta situación en la salud mental de las personas? ¿Cuál es el papel de la angustia?

Desde el inicio de la pandemia del Covid-19, en marzo, se han escrito muchos artículos relacionados con el malestar psicológico generado a una parte de la población durante el confinamiento. También sobre las consecuencias que ha podido provocar esta situación en la salud mental de las personas.

Aunque todavía estamos inmersos en la crisis, y desconocemos qué pasará a partir de otoño, los estudios relacionados con aspectos del impacto de la pandemia en la salud mental que se han realizado hasta la fecha, no nos pueden dar una información completa de la verdadera situación y de las consecuencias reales provocadas por el confinamiento y el post confinamiento.

Dicho esto, si eres de aquellas personas que opina que con esta situación acabaremos 'fatal' y los psicólogos tendrán mucho trabajo ', tengo malas noticias para ti. No será así. Y no será así porque los seres humanos disponemos de un súper poder mágico que hemos ido desarrollando a lo largo de miles de años de evolución: la capacidad de adaptación.

Si hacemos un repaso histórico de los últimos 2.000 años, nos encontraremos con una serie de guerras, hambrunas, pandemias y otras desgracias colectivas en multitud de países y poblaciones, y en general, una vez finalizada, la gente continúa con su vida. ¡Atención! No quiere decir que no sufran ni sientan tristeza o dolor por las personas fallecidas o desaparecidas, ni que no quisieran salir de aquella horrible situación. Pero en general se adaptan y siguen adelante.

Seguramente, si cogiéramos a una persona que haya vivido una situación de las ya comentadas, y le preguntáramos por sus sentimientos o emociones en aquellos momentos, nos dirían algo como: dolor, tristeza, miedo, angustia, incertidumbre... ¿Te suena?

Somos humanos y, ante situaciones que provocan sufrimiento o situaciones inciertas, experimentamos en general las mismas emociones. Es normal que suframos si perdemos a un ser querido, o que tengamos miedo de contagiarnos o contagiar a nuestros padres, es normal que tengamos miedo al futuro porque nadie sabe qué pasará en muchas esferas de la sociedad (económica, social, educativa...). Si estás en esta situación tranquilo/la, eres un ser humano.

El principal problema es que, a pesar de haber perfeccionado la capacidad de adaptación a lo largo de la evolución, hay ‘errores de sistema' que no se han podido corregir. Un buen ejemplo es la angustia.

La angustia es un mecanismo innato que anticipa el peligro y prepara el cuerpo para la acción en función de las necesidades de cada situación. Iba muy bien cuando los humanos vivíamos en las cuevas, porque si aparecía un león nos poníamos alerta, valorábamos nuestras opciones y huíamos por no morir, o nos arriesgábamos a cazar y ya teníamos la cena. El caso es que este mecanismo se ha mantenido inalterado en nuestra cabeza, mientras que los humanos ahora vivimos en otro tipo de cuevas y ya no nos preocupa el hecho de salir a cazar para cenar. Nuestra mente tiene un problema a la hora de valorar si el peligro es real o no, porque con sólo imaginarlo ya nos parece real. Por lo tanto, si creemos que detrás de aquellas hojas puede haber un león, huiremos sin haber visto ni siquiera una pata. Para nosotros es real, está presente.

Si a todo esto le sumamos la situación actual de incertidumbre ocasionada por un virus al que, con imaginación o sin ella, no podemos ver, tenemos un buen cóctel para sentir en determinados momentos sensación de angustia.

Pero como comentaba al principio, sentir cierta angustia no es del todo malo. La angustia nos pone en alerta, nos avisa de que debemos mantener la distancia social y utilizar la mascarilla, y también nos hace cuestionarnos si ir a esa cena con dieciocho amigos y amigas es la mejor decisión en estas circunstancias.

Es cierto que la angustia es incómoda, pero forma parte de la vida y, como tal, debemos aceptar y convivir con ella. No obstante, hay una serie de acciones que puedes llevar a cabo para gestionarla y regularla:

  1. Hacer deporte (si es al aire libre mejor). Entre los beneficios del deporte está la liberación de tensión y la generación de endorfinas, que nos hacen sentir bien de forma casi inmediata.
  2. Realizar actividades de autocuidado. Puedes maquillarte, hacerte masajes o practicar algún ejercicio de relajación. Todo lo que sea tener cuidado personal, repercutirá en tu bienestar físico y mental.
  3. Seguir una rutina. Si actualmente no trabajas ni estudias, marca una rutina diaria que implique alguna actividad de deporte y alguna actividad al aire libre.
  4. Evitar la sobreinformación. Dedica un tiempo y espacio concreto al día para informarte sobre la situación de la pandemia. Consulta fuentes oficiales y reconfigura las notificaciones del móvil para no recibir avisos constantemente.
  5. Mantener el contacto con familia y amistades. Es importante mantener los lazos con los seres queridos para cuidarlos y que nos cuiden. Podemos hablar con ellos de nuestras inquietudes y miedos. Mejor, si puede ser, de forma presencial.

Si has llegado a un punto en el que la angustia te bloquea a la hora de realizar actividades que consideras positivas y necesarias para ti (ir a trabajar, quedar con amistades, hacer deporte, etc.), puedes ponerte en contacto con nuestro servicio de atención psicológica y te acompañaremos en la búsqueda de recursos para superar esta situación.

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